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Full text of "Ya no hay clases : juguete cómico-lírico en un acto y en prosa"

110 5 6 



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ÍA NO HAY CLASES 



JUGUETE CÓMICO-LÍRICO EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORUilXAL 1IH 



Alvaro de la Helguera 



MÚSICA DEL MAESTRO 



Miguel Bodega 



Estrenado con éxito la noche del 23 de Febrero de 1896 
en el Teatro Cómico. 







MÉXICO 

Tip, Y Lit. "La Europea," de J. Aguí lar Vera, y C? ( S. en C. ) 

Calle de Santa Isabel núm. 9. 
1899 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso, reimprimirla ni 
representarla en España, ni en los países con los cuales haya celebrados ó se celebren 
en adelante tratados internacionales de propiedad literaria. — Queda hecho el depósito 
que marca la ley. 



Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/yanohayclasesjug25812bode 



.-. MIS - ATERIDOS AMIGOS 



Jesús H. Gaxiola (h.) y Alberto Rascón 

dedico este humilde trabajo 
como demostración sinc?ra de amistad. 



El Autor. 



PERSONAJES. ACTORES. 

Doña Torcuata Srita. Venegas. 

Luz „ Ruiz. 

Rosa ,, Jáuregui. 

Julia , ,, Arroyo. 

Juana ,, González. 

Enriqueta ,, Palacio (L.) 

Luisa „ Palacio (M.) 

Micaela „ García. 

Don Serafín Señor Soler. 

Don Braulio M Prast. 

Eduardo ,, Torres 

Colegialas y coro general. 

La acción en Madrid.— Época actual. 



ACTO IX ICO 



La escena rep r -ír :?. ?. sa a de estudio de un colegio de señoritas in- 
ternas. En primero y segundo término de la derecha (de! apunta- 
dor) r tas c r acticables. En ambos términos de la izquierda, bal- 
cones. Carteles alfabéticos: cuadros de pintura ; y labores, mapas, 
etc. decoran las paredes. Algunos bancos y mesas completarán 
e aoarato escénico, y sobre ellas se verán esparcidos libros, labo- 
res, etc etc 

ESCENA I. 
3A, Julia. María, f Coro de señoras.; 

MÚSICA. 

Coro. ¡ Qué fastidio ! ¡Qué tormento! 

Jué existencia tan cruel! 
; Xo estar libre ni un momento, 
ni poder hablar con él! 
^r entumecen ya mis piernas 
de estar quieta siempre aquí. 
;Pobrecitas las internas, 
en colegios de Madrid! 



. otemplai el bullicio de esas calles 
sin poder traspasar estos dinteles. 
y no poder lucir los lindos talles 
7 rj un enjambre de donceles! 



669115 



Si prosigo encerrada, yo me muero, 
yo no puedo más tiempo estar así 
sin poder escuchar un "yo te quiero 
para dar al tunante luego el sí. 



¡ Esto es imposible! 
No puedo ya más. 
Yo quiero ser libre; 
vivir y gozar; 
pues ya tengo un novio 
gentil y galán, 
y el vacío que en mí siento 
sólo él, lo puede llenar. 



II 

Ver las niñas que bajan por la tarde 
al paseo del Prado y Recoletos, 
sin una cancerbera que las guarde 
y pudiendo mirar á los sujetos. 
Ver parejas que van enamoradas 
á paseos, teatros y salones 
¡y tener que seguir aquí encerradas 
sin gozar de tan gratas diversiones! 
¡ Esto es imposible! 

¡No puedo ya más! 

yo quiero ser libre, 

vivir y gozar; 

pues tengo ya un novio 

gentil y galán, 

y el vacío que en mí siento 

sólo él, lo puede llenar. 



II Ai: LADO. 

Rosa. Esto no puede seguir así. 

Julia. ¿Os parece bien que nos tengan encerradas como si fuéra- 
mos fieras? 

Varias. ¡Qué ha de parecemos! 

Rosa. Durante la juventud es cuando necesitamos disfrutar del 
mundo. 

Julia. Naturalmente. De viejas "¡á buena hora mangas verdes!" 

Marta. Nuestros padres no sé en qué piensan. 

Rosa. ¡ Hacernos pasar nuestros mejores años aquí aburridas! 

Julia. ¡Como ellos tienen con qué divertirse! 

¿María. Tenemos que tomar una determinación. 

Rosa. Mejor sería tomar las de Villadiego. 

AJaría. ; Buena idea! Fugarnos. Casualmente he oído decir, que aho- 
ra las fugas amorosas están á la orden del día. 

Julia. ¿Estáis locas? ¡Qué se diría de nosotras si hiciéramos esa 
locura! 

María. Lo que dice siempre la señora: que el sexo débil es ... . débil. 

Rosa. Allí, en la acera de enfrente, están plantados nuestros novios. 

Julia. ¡Á ver si echan raíces! 

Rosa. Lo que echan es cada mirada, que parte los corazones. 

María. El mío está ya pulverizado. 

Rosa. La verdad es que nos damos cada ración de vista. 

Julia. ¡ Eso de tener que contentarnos con verlos desde tan lejos! 

Rosa. Y el mío es muy guapo. 

Todas. ¡Y el mío! 

Rosa. ¿A que sé lo que en este instante estamos deseando todas? 

Julia. ¿ Qué ? 

Rosa. Casarnos. 

Julia. ; Qué lista eres! 

Rosa. ¿ A que he acertado? La que quiera casarse que alce el de- 
do. ( Todas lo alzan.) 

María. Todas votamos por el matrimonio. 



Rosa. Como que es lo que queremos siempre las mujeres, por su- 
fragio universal. 

María. ¡Pobres muchachos! Ahí se pasan la vida como unos benditos. 

Julia. ¡ Qué grupo han formado ! 

Rosa. ¡Silencio! A su puesto cada una que viene la señora. (To- 
das se sientan, cogen sus labores respectivas y se ponen á tra- 
bajar precipitadamente. ) 



ESCENA II. 

Torcuat. Así me gusta, niñas. Me complace en extremo verlas dedi- 
cadas á sus labores. El trabajo es fuente de todas las vir- 
tudes, manantial de felicidad, arroyo aurífero, río cauda- 
loso 

Rosa. (Cuánta agua.) 

Julia. (La señora parece un pozo artesiano.) 

Torcuat. En una palabra: es ¡la mar! 

Rosa. Ya lo habíamos notado. 

Torcuat. Hoy, sin embargo, voy á darles á ustedes asueto. 

Todas. ( Muy contentas.) ¿De veras? 

Torcuat. Porque han de saber ustedes, lo que hasta ahora, por razo- 
nes que no son del caso, no he querido revelar. 

Varias. ¿Qué es ello? 

Torcuat. (Me declaro al fin.) Que hoy es mi cumpleaños. 

Todas. Que los tenga usted muy felices. 

Torcuat. Con un palmo de narices: ya lo sé. 

Rosa. ¿De modo que podemos divertirnos, jugar y hacer lo que 
queramos? 

Torcuat. Hasta cierto punto. El sexo débil es débil, y 

María. Pero tenemos que festejar su cumpleaños. 

Torcuat, Eso sí. 

Julia. ¿Y qué edad cumple usted? 

Torcuat. (La edad de piedra.) 



Julia. ¿No quiere decirlo? 

Torcuat. Esa es una pregunta que no se debe hacer nunca á las per- 
sonas mayores. 

ESCENA III. 

Dichas, Micaela (criada). 

Micaela. (Entrando segunda derecha.) D a Torcuata. 

Torcuat. ¿Qué quiere usted, Micaela? 

Micaela. Un caballero que viene con una joven pregunta por usted. 

Torcuat. ¡ Un caballero! 

Micaela. Dice que es tío de la señorita. 

Torcuat. ¿De qué señorita? 

Micaela. De su sobrina. 

Torcuat. ¿De mi sobrina? ¡Si yo no tengo ninguna sobrina! 

Micaela. Sobrina de él. 

Torcuat. ¿Y quién es él? 

Micaela. El caballero. Dice que quiere meterla en este colegio. 

Torcuat. ¿ El caballero ? 

Micaela. Sí, señora, á la sobrina. 

Torcuat. ¡Acabaras de una vez! Diles que pasen. Y ustedes, señoritas, 
retírense al salón contiguo mientras yo recibo á esos señores. 

Todas. Está muy bien. 

Rosa. (¡Una nueva compañera!) 

María. (Que nos traerá noticias recientes de ese mundo que no nos 
dejan ver más que por un agujero.) ( Van se colegialas pri- 
mera derecha.) 

ESCENA IV. 

D a Torcuata, D. Braulio^ Luz por segunda dereclia. 

Torcuat. Muy buenos días. (Se saludan.) Pasen ustedes aquí y dis- 
pensen que les reciba en este campo de Agramante. 



10 

Braulio. No hay de qué. 

Torcuat. Pero estas muchachas son tan revoltosas, que 

Braulio. ¡Es natural! 

Torcuat. ¿Es natural que sean revoltosas? 

Braulio. Digo, que siendo revoltosas, es natural lo del campo de Cor- 
del. 

Torcuat. De modo que usted desea 

Braulio. Dejar á esta joven, que es mi sobrina, de interna en el co- 
legio de usted. 

Torcuat. Perfectamente. 

Braulio. Deseo que esté sujeta 

Torcuat. Descuide. 

Braulio. Para que no hable con ningún sujeto. 

Torcuat. Eso es lo que procuramos en este colegio: mantener a las 
jóvenes en santa ignorancia y alejarlas de todo peligro mun- 
dano; porque si viera usted cómo está el mundo .... 

Braulio. A quién se lo cuenta usted, señora. 

Torcuat. En él estamos expuestas á tropezar .... El sexo débil es . . . 
débil. 

Braulio. Los dos sexos son débiles. 

Torcuat. No me hable usted de eso, que cada vez que recuerdo 

Braulio. ¿ El qué, señora ? 

Torcuat. Nada. Mientras su sobrina de usted esté en este colegio, es- 
tá segura. 

Braulio. Yo, un hombre solo, ocupado en mis negocios, no puedo 
atender á ella, y por eso la traigo aquí. 

Torcuat. Hace usted muy bien. 

Braulio. Además, yo estoy acostumbrado á una completa indepen- 
dencia, que había resuelto conservar permaneciendo sol- 
tero, para no tener hijos ni quebraderos de cabeza, cuan- 
do á mi hermano se le ocurre al morir, la malhadada idea 
de darme á Luz. 

Torcuat. ¿Que le dio á Luz? 

Braulio. Sí, señora; á ésta, que se llama Luz. 



Torcuat. Va comprendo. 

wfrau/io. Para que cuidase de ella y de su porvenir. Entonces era una 
niña y me fué fácil librarme de ella encomendándola á una 
niñera; pero luego, como es natural, se fué haciendo ma- 
yorcita y empezaron los paseos, los novios y las cucamo- 
nas, y no pudiendo resistirlo, he decidido meterla en este 
colegio para quitarme ese cuidado. 

,Luz. Eso es: y me encierra usted á mí porque quiere correrla. 

Braulio. Yo no quiero correrla; al contrario, lo que quiero es andar 
con pies de plomo. 

Luz. ¿ Por qué no me deja usted que me case? 

Braulio. Porque aun no estás dispuesta para eso. 

Luz. Sí que estoy dispuesta. 

Braulio. Silencio, niña. 

Luz. Si vivieran mis padres otro gallo me cantaría ahora. 

Braulio. Aunque vivieran tus padres, no cantaría ahora ningún gallo. 

Luz. ¡Qué desgraciada soy! (Gimoteando.) 

Braulio. Mira, no hagas pucheros, porque no puedes competir con 
los de Alarcón. 

Torcuat. Ya se consolará con sus nuevas compañeras. 

Braulio. Así lo espero. 

Torcuat. Aquí recibirá una instrucción sólida y extensa. 

Braulio. No es necesario que aprenda mucho, porque ya sabe ella 
más de lo que le han enseñado. 

Torcuat. Ahora verá usted la habitación que destino á su sobrina, y 
de paso arreglaremos las demás condiciones de la pensión. 

Braulio. Está bien. 

Torcuat. Entretanto, Luz internará con sus nuevas compañeras. Voy 
á presentarla. (Hablando por la primera derecha.) Seño- 
ritas, vengan ustedes aquí. 



ESCENA V. 

Dichos, Rosa, Julia, María, Juana, Enriqueta, etc., etc. 
Coro de colegialas. 



'OD 

/l 



Todas. (Entrando.) Muy buenos días. 

B.yLuz. Muy buenos. 

Torcnat. Señoritas: presento á ustedes una nueva compañera, á quien 

espero acojan con sinceridad y leal amistad. 
Todas. Sí, señora. 
Braulio. ( Qué muchachas más bonitas). 

Torcnat. Ahora, caballero, pase usted por aquí para enterarse 

Braulio. Eso estaba haciendo: enterarme. 

Torcnat. Hasta luego, niñas. 

Braulio. ( Si pudiera llevarme alguna de éstas á cambio de mi sobrina), 

Torcnat. Vamos. 

Braulio. Pase usted adelante. (Vanse.) 



ESCENA VI. 

Dichos, menos D a Torcuata y Braulio. 

Rosa. Ya estamos solas. 

Luz. Ante todo, si les parece á ustedes, nos tutearemos. 

Todas. Sí, sí. 

Rosa. ¿ Por qué te han traído al colegio de interna ? 

Lnz. Porque no tengo más familia que un tío, y éste quiere cam- 
pear solo y ser libre. 

Julia. Si tuvieras familia, no te hubiera pasado eso. 

Luz. Por eso quiero casarme, para tener familia. 

Todas. Y nosotras. 

Luz. Con un marido se puede ir á todas partes. 

Julia. Pero estando aquí encerradas no se va á ninguna. 



María. Tú que vienes de fuera, cuéntanos, ¿qué hay por esos mun- 
dos? 
|K£. Mucha animación, mucha alegría y mucho amor. 

Todas. Ya lo creo. 
Luz. Yo tengo un novio. 

Julia. ¿ Nada más que uno? Aquí hay alguna que tiene tres y cua- 
tro. 

Luz. Eso es lo mismo que no tener ninguno. El mío es muy tra- 

vieso y ya debe saber que estoy en este colegio por la car- 
ta que le he remitido, y de seguro que inventa alguna es- 
tratagema para verme. 
¿ De veras? 

Y aun puede que se cuele en el colegio. 
Muy difícil me parece. 

¡Vernos separados de pronto, después de haber estado tanto 
tiempo juntos en salones, teatros y soirées, donde hemos 
hablado y hemos pasado ratos tan agradables! 
¡Ay! ¡ Dichosa tú! 
Vosotras no sabéis lo que es el mundo. Yo, en cambio, me 

he divertido mucho y he visto muchas cosas. 
Cuéntanos lo que has visto. 
Sí, sí. 
Pues escuchad. 

MÚSICA. 

En calles y paseos, 
salones y demás, 
he visto muchas cosas 
muy largas de contar; 
mas para complaceros 
os voy á relatar 
algunos episodios 
que me chocaron más. 
coro. Habla ya. Habla ya. 



14 



Luz. 


Escuchad. Escuchad. 




Van las niñas á paseo 




con sus mamas 


CORO. 


Con sus mamas 


Luz. 


Y los novios de las niñas 




siempre detrás 


CORO. 


Siempre detrás 


Luz. 


Y en las vueltas y revueltas 




al pasear 


CORO. 


Al pasear. 


Luz. 


Hay miradas y suspiros 




y apretones, y ¡la mar! 




y al volver á casa 




si obscurece ya, 




se adelanta el novio 




y entra en el portal: 




y mientras los tramos 




sube la mamá 




se queda la niña 




algo más atrás; 




pero si la madre 




lo llega á notar 




así la pregunta 




con formalidad. 



(Hablando, imitando el diálogo.) 
-Niña, ¿qué haces? ¿Por qué no subes? 

•Ya voy, mamá, es que me estaba atando un zapato que se me 
había soltado. 

MÚSICA. 

Y como es un pájaro 
el novio truhán, 
ella con sigilo 
le quiere cazar. 



CORO. 



Que aunque ir suele el hombre 
tras de la mujer, 
aún no está probado 
quien persigue á quién. 
Que aunque ir suele el hombre, etc. 



II 



Luz. 


Cuando van las señoritas 




á las soirées 


CORO. 


A las soirées. 


Luz. 


Van compuestas desde el pelo 




hasta los pies. 


CORO. 


Hasta los pies. 


Luz. 


Y aunque están tan rebonitas 




al parecer 


CORO. 


Al parecer. 


Luz. 


Algunas se pintan solas 




para pintarse la piel. 




Y con tanto polvo 




y tanto colcrén 




se forma en el cutis 




á modo de red. 




Y si de la danza 




en algún vaivén 




á ella descuidada 




la besa el doncel, 




una marca queda 




grabada en la tez 




y dice su madre 




cuando se la ve: 



HABLADO. 

Pero, muchacha, ¿cómo te has hecho eso? 
No sé; debe haber sido con el abanico. 
Sí, no está mal abanico. 



!(» 



MÚSICA. 

Si fuera el bigote 
de goma ó de pez, 
¡cuántas señoritas 
habría con él! 
Que aunque ir suele el hombre, etc. 



coro. Que aunque ir suele el hombre, etc. . . . 

HABLADO 

Luz. Si prosiguiera refiriéndoos lo que he visto, sería el cuento de 

nunca acabar. 

Rosa. ¡Cuánto daría yo por haber disfrutado como tú! 

Luz. ¿Para estar ahora desesperada? 

Rosa. ¿Tú lo estás? 

Luz. No del todo, porque confío en que mi novio me salvará. 

Julia. ¿Y qué es tu novio? 

Laiz. Es (Recordando.) ¿Cómo dice él? ¡ Ah! sí, ya recuerdo, 

es licenciado en derecho civil y canónico. 

Julia. ¿Canónigo? ¿Tienes un novio canónigo? 

Luz. Canónico. Eso creo que quiere decir que es abogado. 

Julia. ¡ Ah ! 

Luz. Y, además, es muy rico. 

María. ¿Y cómo se llama? 

Luz. Eduardo. 

Julia. Hacia aquí vuelve la señora con tu tío. 



ESCENA VII. 

Dichos, D a Torcuata y D. Braulio. 

Torcuat. ¿Está usted conforme? 

Braulio. Sí, señora (con tal de verme libre ) 



17 

Torcuat. (Mirando á D. Braulio. ) Es particular. 

Braulio. Qué ¿que esté conforme? 

Torcuat. No, señor; que su fisonomía de usted no me es desconocida. 

Braulio. Me habrá usted visto en alguna parte. 

Torcuat. Sin embargo .... no recuerdo; pero no sé por qué su presen- 
cia despierta en mi corazón ciertos recuerdos .... 

Braulio. Pues me marcharé para que se vuelvan á dormir. 

Torcuat. Aún no: tenemos que ultimar algunos detalles. 

Braulio. ( Qué ganas tengo de verme libre ). 



ESCENA VIII. 

Dichos, Micaela. 

Micaela. Señora. 

Torcuat. ¿ Qué ? 

Micaela. El profesor de baile desea entrar. 

Braulio. ¡Cómo! ¿También enseñan ustedes baile? 

Torcuat. Le diré á usted. Las familias de mis educandas, que son muy 
distinguidas, quieren que sus hijas, cuando salgan del co- 
legio, puedan brillar en los salones. 

Braulio. Siendo así, bueno; pero no me parece del todo bien que en- 
tre aquí un hombre. 

Torcuat. Xo tenga usted cuidado, éste ya es viejo. 

Braulio. Eso es otra cosa. 

Torcuat. La enseñanza del baile es completamente indispensable pa- 
ra la buena educación. 

Braulio. ¿ De modo que el que no sabe bailar es un grosero, mal edu- 
cado ? 

Torcuat. ¡Xo tanto! 

Braulio. Bueno, pues que lo aprenda mi sobrina también, por más que 
ella no necesita nada para brillar. 

Torcuat. ¿Pues? 

Braulio. Figúrese usted, se llama Luz; si tendrá brillo. 

2 



Micaela. ¿ Le digo al profesor que entre? 

Torcuat. No: dile que hoy no hay clases. 

Braulio. ¿ Cómo que no hay clases ? ¿ Se ha proclamado la igualdad ? 
¿ Ha habido alguna revolución ? 

Torcuat. No, señor; es que hoy no hay clases de estudio, ni adorno 
en este colegio. 

Braulio. ¿ Por qué razón ? 

Torcuat. Porque hoy es mi cumpleaños. 

Braulio. ¿Pero usted cumple años todavía? 

Torcuat. ¿ Cómo todavía ? 

Braulio. En fin, que los tenga usted muy felices. 

Torcuat. Mil gracias. Si viera usted qué recuerdos trae á mi memo- 
ria el día de hoy. Toda la historia de mi vida. 

Braulio. Que debe tener más tomos que la del padre Mariana. 

Torcuat. Hoy precisamente hace treinta años que un pillo Pero 

dejemos esto que á usted no le interesará. 

Braulio. ( A mí, maldito . . . .) 

Torcuat. Y ahora permítame usted que le obsequie con un pequeño 
lunch. 

Braulio. ¿Lunch? (¿Con qué se comerá eso?). 

Torcuat. Muy modesto: unos dulces y unas copitas. 

Braulio. (¡Ah, vamos!) ¿Para qué se ha de molestar? (Lo que yo 
quiero es irme.) 

lorcuat. ( No acierto á explicarme la emoción que me produce este 
caballero). 

Braulio. (Me desquitaré con las copas). 

Micaela. ¿Qué le digo al profesor? 

Torcuat. Lo que te he dicho. 

Micaela. Es que dice que le es indispensable hablar hoy con usted. 

Torcuat. Pues que pase á esta sala y me espere, que en seguida vuelvo. 
( Vase Micaela segunda derecha.) Vamos. (A las colegialas.) 
Vengan us'e les también, señoritas. ( Vanse primera de- 
recha.) 



19 



ESCENA IX. 

Don Serafín, antiguo bailarín que viste churriguerescamente. — Sale 

segundo termino derecha^ mareando el tiempo de la música. 

MÚSICA. 

Serafín 
Bel mar 
bailarín 
sin par, 
el mejor, 
que fué, 
servidor 
de usté. 



Me llamaban el Fuiflán 
en París, en el Odeón, 
y en Madrid con mi cancán 
hice una revolución. 
Por mis piernas tuve prez 
y gané fama y caudal, 
pero ya con la vejez 
¡estoy hecho un carcamal! 
Ya no puedo yo ser 
lo que he sido, jamás, 
pero aun pueden ver 
i]ue conservo el compás. (Baila.) 

II 
No pudiendo ya bailar 
en el teatro con primor, 
tuve el baile que dejar 
y meterme á profesor. 



En el Real gané un caudal, 

el baile al dirigir 

y hoy no tengo ya ni un real 

y no puedo ni vivir. 

¡ Ay de ti, Serafín! 

¡Ya no brillas tú más! 

Pero á aquel bailarín 

aun le queda el compás. 



Serafín 
Belmar 
bailarín 
sin par, 
el mejor 
que fué, 
servidor 
de usté. 

HABLADO. 

Los recuerdos del pasado son mis inseparables compañeros; 
pero ahora ocupémonos del presente, que gracias á este 
joven caritativo, se me presenta de color de cielo. ¡Con 
tal de que no haga una tempestad! Con el sueldo que me 
dan en este colegio, apenas puedo atender á mis más pe- 
rentorias obligaciones; porque ¡asómbrense ustedes! ten- 
go mujer, suegra y ocho hijos! y yo solo tengo que man- 
tener á toda esta familia. ¡ Figúrense ustedes cómo me ve- 
ré! ¡Qué fecundidad la de mi mujer! Yo, como es natu- 
ral, paso muchos trabajos. ¡ Ocho hijos ! ¡ Cuidado que hay 
que trabajar para tener ocho hijos, es decir, para mante- 
nerlos! Pero ahora, con la ayuda de ese joven, podré sa- 
lir de mis apuros. Me paga por ocupar mi puesto durante 
algunos días; de modo que me ahorra trabajo y me da di- 



21 

ñero. Para ello, tengo que fingir una cojera que justifique 
este cambio. ¿Y si se descubre? .... ¡Y qué! El que no 
se arriesga no pasa la mar, y yo ya estoy con el agua al 
cuello. Acostumbrémonos á anclar ala pata coja. (An- 
dando.) ¡A ver si se me olvida y meto la pata! 



ESCENA X. 

Dicho, D" Torcuata. 

Torcuat. Buenos días, D. Serafín. 

Serafín. Muy buenos días, D a Torcuata. 

Torcuat. ¿Sigue usted bueno? 

Serafín. Sí, señora. (Andando perfectamente.) Es decir (ya se me ol- 
vidaba ), no señora. (Cojeando.) 

Torcuat. ¿Qué tiene usted? 

Serafín. Un reuma en esta pierna (Derecha.) que me impide dedi- 
carme á mis ocupaciones pedestres. 

Torcuat. Afortunadamente 

Serafín. ¿Cómo afortunadamente? 

Torcuat. No me ha dejado usted concluir. Digo que afortunadamen- 
te hoy no tiene usted clase y puede usted descansar hasta 
mañana, en que espero se habrá mejorado. 

Serafín. No, señora, ¡ pues no faltaba más ! 

Torcuat. ¿ Qué ? 

Serafín. El médico que me visita dice que tengo para días, y que no 
puedo hacer ejercicio. 

Torcuat. Es que aquí no se trata que haga usted el ejercicio. 

Serafín. Bueno, que no puedo dar lecciones. 

Torcuat. ¿Y cómo nos vamos á arreglar? Yo no puedo prescindir del 
baile. 

Serafín. ¿Tan bailarina es usted? 

Torcuat. Digo que no puedo prescindir de esa cátedra en el colegio. 



Serafín. Ya lie previsto el caso, y mientras me dure esta dolencia, se 
encargará de dicha enseñanza mi suplente. 

Torcuat. Entonces bien; pero .... ese suplente. 

Serafín. Respondo de él. Es un chico muy aprovechado. 

Torcuat. ¿ Un chico aprovechado ? 

Serafín. ¡ Y tanto ! ( Y hasta aprovechable ). ( Como que si no le apro- 
vecho ahora, no sé lo que va á ser de mí). 

Torcuat. No le he dicho á usted ya, que no quiero que entren en el 
colegio chicos jóvenes. El sexo débil es ... . débil. 

Serafín. No tenga usted ningún cuidado. Con éste, no hay peligro. 

Torcuat. ¿ Pues ? 

Serafín. Ha sido tiple de capilla. 

Torcuat. ¡ Ah ! ¡ Si ha sido tiple ! 

Serafín. Ya verá usted, es un chico que promete. 

Torcuat. ¿Y que luego no cumple? 

Serafín. Eso no. (Si no cumple lo que me ha prometido, entonces sí 
que le hago bailar . ... en un pie). Creo que no tendrá us- 
ted ningún inconveniente. 

Torcuat. Siendo como usted dice, ninguno. 

Serafín. Como por prescripción facultativa, tengo que guardar cama 
inmediatamente, voy a presentarle para que le conozcan 
en lo sucesivo. (Andando perfectamente hacia la puerta.) 

Torcuat. ¿ Pero qué, se le ha quitado á usted el dolor de la pierna? 

Serafín. No, señora: (¡bruto de mí!) ¡si viera usted cómo me due- 
le la condenada! (Llevándose las manos á la pierna iz- 
quierda.) 

Torcuat. Antes creo que era la derecha. 

Serafín. Sí, ¡podrá ser! ¡Es verdad! ¡Tiene usted razón! 

Torcuat. Pero, hombre, usted no sabe dónde tiene la mano derecha. 

Serafín. Querrá usted decir que no sé dónde tengo la pierna derecha. 

Torcuat. Eso, sí. 

Serafín. Le diré á usted. Es que este es un dolor tan constante, que 
cuando no puede estar en una pierna, se me pasa á la otra. 

Torcuat. Parece mentira, después de tantos años de ejercitarlas .... 



Serafín. Pues por eso precisamente : ahora se conoce que quieren des- 
cansar. 

Torcuat. i Llamando primera derecha.) Señoritas: vengan ustedes pa- 
ra conocer á un nuevo profesor. 

ESCENA XI. 
Diehos % Eduardo, Colegialas. — (Coro.) 



Serafín. 
Eduard. 

Luz. 
Coro. 
Eduani. 
Serafín. 

Torcuat. 

Eduard. 
Serafín. 



Eduard. 



CORO. 

Luz. 

Eduard. 

CORO. 

Luz. 

CORO. 



MÚSICA. 

Adelante, D. Eduardo. 
(Entrando.) Buenos días, señoritas. 
(A las colegíalas.) ( Es mi novio). 

( ¡ Q LJ é gallardo ! ) 
( i Qué muchachas tan bonitas! ) 
(Presentando.) La señora profesora. 

El suplente profesor. 
Soy su humilde servidora. 
Soy su humilde servidor. 

Mientras dure mi dolencia 
el señor me ha de suplir, 
y es seguro que mi ausencia, 
no tendrán por qué sentir. 

Si me otorgan sus mercedes 
yo mi plan voy á explanar, 
y así pueden ver ustedes 
cómo pienso yo enseñar. 
(¡Qué pillastre es este chico!) 
( ¡ Qué atrevido y qué galán ! ) 

(A Luz.) Señorita, la suplico 
que se digne hacer pendan. 
Con placer aprenderemos. 
(¡Qué tunante! ) 

( ¡Qué bribón !) 



^4 



Educirá. 

Serafín . 
Luz. 
Eduard. 
Torcuat. 

CORO. 

Eduard. 



CORO. 

Serafín. 
Torcuat. 

Eduard. 



Luz. 

CORO. 

Eduard. 



Pues entonces empecemos, 
empecemos la lección. 
Sin dilación. 

( Con precaución). 
Mucha atención. 

(Al coro.) ¡Chitón! 

¡ Chitón ! 
Atención .... Atención. 
Es empresa de importancia 
dirigir un cotillón, 
y hay que tener elegancia 
al bailar el rigodón. 

Conque así lo dejaremos 
para una clase especial, 
y ahora nos ocuparemos 
de lo más elemental. 
(A Luz.) Aproxímese un momento. 
Póngase de esta manera. 

Este es el movimiento ( 'Se abrazan muy apretados.) 
de la habanera. (Bailando.) 
Eso todas lo sabemos. 
( Va á meter el corbejón ). 
( Este maestro de baile 
aprieta más que un dolor). 
Ahora mucha ligereza 
sin perder nunca el compás, 
dando vueltas con presteza. 
Este es el wals. (Bailado.) 
Este es el wals. 
Pues también sabemos eso. 
No se apuren, mas así 
que á enseñarlas voy el schotis 
al estilo de Madrid. 
( Luz y Eduardo bailan el schotis á lo flamenco.) 



2 5 

Torcuat Bailar tan apretados 

no he visto yo jamás, 
Eduard. Así es como se baila 

en la alta sociedad. 
coro. A ver si lo sabemos. 

lo vamos á ensayar. 
Eduard. Miradme á mí y bailemos. 
coro. Pues vamos á bailar. 

( Bailan todos el s chotis á lo flamenco. Las señoras del coro 
por parejas avanzando á un mismo tiempo y hacia un mismo 
lado, en sentido horizontal, á la batería. Luz y Eduardo aun 
lado del proscenio, y al otro D x Torcuata y D. Serafín, que bai- 
lan cómicamente y este último cojeando. — Todos aun tiempo.) 

Eduard. ¡ Muy bien ! ¡ Perfectamente ! 

Y ahora en conclusión, 
prosigan atendiendo 
y aprendan el galop. 

( Rápido en la orquesta. — Luz y Eduardo bailan galop; á 
poco las niñas les imitan é impulsados por el ejemplo, también 
D' Torcuata y D. Serafín, grotescamente éste por querer fin- 
gir la cojera. Finai vertiginoso, á capricho del compositor.) 

HABLADO. 

Eduard. Conque ¿qué tal? 

Todos. ¡Muy bien! ¡Muy bien! 

Eduard. En los días sucesivos proseguiré las lecciones con las demás 

discípulas. 
Luz. ( En seguidita te voy á dejar.) 

Torcuat. Pues, señor, que me va escamando á mí este tiple. 
Serafín. Está hecho un profesor en toda regla. 
Torcuat. Noto que es usted muy bailarín. 
Eduard. Figúrese usted, á qué está uno. 



26 

Serafín. ( Cuando yo digo que vamos á meter la pata.) 

Eduard. La importancia del baile es inmensa. ¡Como que es la base 
de la sociedad! 

Torcuat. ¡ Hombre, la base ! 

Eduard. Sí, señora, y voy á probárselo. 

Serafín. ¡Ya escampa! 

Eduard. ¿ Con qué se baila? Con los pies. Los pies son la base de las 
personas que forman la sociedad, luego el baile es la base 
de la sociedad. 

Torcuat. ¡Qué consecuencias saca usted! 

Eduard. Es que yo soy muy consecuente. 

Serafín. Creo que no estará usted descontenta de mi alter ego. 

Torcuat. No, señor. 

Eduard. ¿Usted sabe, señora, la elocuencia que tienen los pies? 

Torcuat. No sabía nada. 

Eduard. Pues no sabe usted lo que es bueno. 

Serafín. ( ¡ Qué desfachatez ! ) 

Eduard. ¿ Ha estado usted alguna vez en el Café Imperial? 

Torcuat. No, señor. 

Eduard. Pues allí, viendo aquellas bailadoras, hubiera usted compren- 
dido la elocuencia de los pies. ¡Oh, los pies! 

Serafín. Quién duda de su elocuencia. Sin ir más lejos, ayer me ani- 
maron un puntapié, que era un poema. ¡En dos cantos! 

Eduard. La cuestión reviste importancia por cualquier lado que se 
la mire, por delante ó por detrás. 

Serafín. Por ahí fué por donde á mí me pegaron. Debajo de los rí- 
ñones. 

Eduard. No hay que dudarlo. Los pies son la parte más importante 
del individuo. ¿Y sabe usted por qué? Por el baile. 

Torcuat. Yo, hasta ahora, creía que la parte más importante era la ca- 
beza. 

Eduard. Error. 

Serafín. Sin embargo, en algunos casos podrá serlo por la misma ra- 
zón del baile. 



27 

Educirá. ¿Cuándo? 

Serafín. Cuando se baila de coronilla. 

(En estos momentos comienzan á sonar dentro, en el lado iz- 
(juierdo, donde se supone la calle, los acordes de una murga que 
toca un bailable.) 

Torcuat ¿ Qué es eso ? 

Eduard. (Mirando por el balcón.) Una murga que le viene á dar á 
usted serenata sin duda. 

Torcuat. ¿A mí? Pero si yo no he corrido la voz de que es hoy mi 
cumpleaños. 

Serafín. Estos murguistas son capaces de adivinar el cumpleaños del 
mismísimo demonio, si vislumbran una propina. 

Eduard. He aquí una excelente ocasión para que repasen ustedes mis 
lecciones. 

Torcuat. Luego, luego. 

Serafín. Yo creí traer un bailarín falsificado, y ahora resulta que es 
más bailarín que yo. 

Torcuat. ¿Y qué les digo á esos murguistas? 

Eduard. La galantería que han empleado con usted, la obliga á ha- 
cerlos subir para obsequiarlos. 

Torcuat. ¿Creen ustedes que debo hacerlos subir? 

Eduard. Sí, señora. 

Todas. Sí, sí. 

Torcuat. Pues que suban. ¡Micaela! (Llamando ) 



ESCENA XII. 

Dichos, Micaela, luego D. Braulio. 

Micaela. Mande usted. 

Torcuat. Baje y diga á esos músicos que suban. ( Fase Micaela^) 

Todas. ¡Qué gusto! 



28 

Eduard. De paso pueden tocar algunas piezas y las niñas se irán per- 
feccionando en el baile, que es un punto esencial en la edu- 
cación del sexo femenino. Así se matan dos pájaros de una 
pedrada. 

Serafín. No estás tú mal pájaro. 

Braulio. ( Entrando primera derecha.) Pero ¿qué música es esa? (Al- 
go alegrillo.) 

Torcuat. Una que ha venido á darme serenata con motivo de mi cum- 
pleaños. Pero ahora que recuerdo. Dispense usted que le 
haya dejado solo tanto tiempo. 

Braulio. No hay de qué. He estado entretenido. ( Me he soplado más 
de media botella de Jerez.) 

Torcuat. Noto que está usted más alegre que antes. 

Braulio. No es extraño. Con la música, la emoción que advierto en 
usted, y (el vinillo ). 

Torcuat. (Mirándole fijamente.) (Nada, nada, esas facciones no me 
son desconocidas.) 

Braulio. (Advirtiendo que le ?nira.) Si notará que estoy ( Ade- 
mán de beber.) 

Serafín. (A Eduardo.) ( Mire usted, que se va a descubrir el pastel.) 

Eduard. ( No sea usted bartolillo.) 

Serafín. (Si tira el diablo de la manta.) 

Eduard. (Le regalo á usted una de Palencia.) 

Serafín. ( Es que pierdo mi sueldo y ) 

Eduard. ( De todos modos cuente usted con la suma prometida.) 

Serafín. ( ¿ De veras ? ) 

Eduard. (Sí, hombre, Yo mantengo siempre lo que digo.) 

Serafín. ( Dichoso usted.) 

Eduard. ( ¿ Por qué ? ) 

Serafín. ( Porque yo no puedo mantener ni á mi familia.) 

Braulio. (Si continúo aquí, van á conocer mi estado.) Vaya, señora, 
tengo mucho que hacer y me marcho. Aquí tiene usted 
mi tarjeta (dándosela) con las señas de mi casa, para cuan- 
do me necesite. 



29 

lorcuat. [Leyendo la tarjeta.) "Braulio Sarampión. Veterinario." ¡ Ah ! 

(Cae desmayada sobre D. Braulio.) 
Braulio. ¿ Qué es esto ? 
Eduard. Una mole. 
Luz. ¿Se ha puesto mala? 

Serafín. ( A D. Braulio.) Cúrela usted. ¿ No es usted veterinario ? 

Braulio. Señora: vuelva usted en sí bemol, porque esto tiene tres pa- 
res de bemoles. 

Torcuat. ¡Ah! (Volviendo en sí.) (A Braulio ) Mírame. 

Btaulo. ¿Eh? 

Torcuat. ¿ No me reconoces ? 

Braulio. Se ha vuelto loca. 

Torcuat. Pues soy Torcuata Cebollín. 

Braulio. ¡Oh! (Cae desmayado en los brazos de D a Torcuata.; 

Todos. ¿Qué le pasa? 

Torcuat. Al fin caíste en mis garras y no te soltaré. 

Braulio. ¡Tú! ¡ Es imposible! 

Torcuat. De aquí no sales sino para ir conmigo á la vicaría. 

Braulio. ¡Horror! ¡ Caí en la ratonera ! 

Torcuat. Te encuentro después de treinta años. 

Braulio. Malditos treinta años. Funesta edad de amargos desengaños. 

Torcuat. ¿ Estás dispuesto á cumplir la palabra que me empeñaste? 

Braulio. Mañana mismo. ¿Qué voy á hacer? 

Serafín. A propósito. También cumple mañana una levita que yo em- 
peñé. 

Torcuat. Si no hubieras accedido, te arañaba. 

Braulio. Lo creo. 

Serafín. ¿Conque usted por eso hablaba tanto del sexo débil? 

Braulio. (Gimoteando.) ¡Dios mío! ¡Qué borrachera más triste! 

Serafín. ¡Vivan los novios! 

Todos. ¡Vivan! 

Eduard. Ahora no me negará usted la mano de su sobrina. 

Braulio. ¿ Cómo ? 

Luz. Es mi novio. 



3° 

Torcuat. Carambita. 

Braulio. Casaos. ( Mal de muchos, consuelo de tontos.) 

Torcuat. Y mañana avisaré á los papas de estas señoritas, diciéndo- 
les que ya están bastante bien educadas para ser mujeres 
de su casa. Ya no hay clases en este colegio. 

Todas. {Alegres.) Eso, eso. ¡Qué gusto! 

Torcuat. Hoy, para celebrarlo, que siga la juerga y que los músicos 
toquen. 

Braulio. ¡ Yo sí que toco ! 

Serafín. ¿La guitarra? 

Braulio. No, señor; toco el cielo con las manos. 

Torcuat. Ahora no se nos tiene que olvidar una cosa. 

Braulio. ¿ Qué ? 

Torcuat. Pedir perdón á estos señores por todas nuestras faltas. 

Luz. Yo lo haré. 

Público amable y amigo, 
no nos niegues tus favores, 
sé complaciente conmigo 
y perdona á los autores. 



TELÓN. 



RARE BOOK 
COLLECTION 




THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT 

CHAPEL HILL 

PQ6217 
.T44 
v.258 
no. 1-12